
Alma Junior, llegó por segunda vez al remolque de su padre después de su muerte; esta vez, acompañada de Jenny .
Ambas habían acordado a la salida de la tienda, que volverían a verse al día siguiente para hablar con tranquilidad y lejos de todos. Había sido tan providencial lo de su hermana, que Kurt ni siquiera se resistió cuando supo que pasarían el día juntas, por el contrario, le dijo que hacía bien y que aprendiera a sobrellevar la muerte de Ennis como lo hacía ella. Su comentario dio en el clavo, logró molestarla, pero la rabia cedió cuando pudo reflexionar: ¿cómo sobrellevaba su hermana menor la muerte de su padre?. Era algo que no sabía.
Al día siguiente, cerca de las 9 de la mañana, Jenny llegó a buscarla en su camioneta. Hizo sonar 3 veces la bocina y esperó.
- ¡Voy! – le gritó Alma desde la puerta, mientras terminaba de calzarse los zapatos.
- ¡No te olvides de traer “eso”! – le recordó su hermana, asomando la cabeza por la ventanilla.
Junior levantó una bolsa que llevaba en la mano e hizo un gesto de complicidad. Segundos después cerró la puerta de la camioneta por dentro y miró a su hermana.
- Estoy lista – dijo con la respiración agitada.
- Pues, vamos...al remolque de Ennis Del Mar – la muchacha partió a toda velocidad.
Jenny le había dicho a su madre que un día de esos iría a limpiar el sitio y a llevarse lo que pudiera rescatar antes de que lo saquearan. La llave había pasado de Alma Junior, a su madre, y ahora a ella que la llevaba colgada al cuello por un pasador de cuero.
- La última vez que estuve aquí, olía espantoso – comentó Alma cuando llegaban.
- Pues todavía huele igual, estuve hace dos días y no me atreví a abrir las ventanas... – Jenny bajó de la camioneta y mientras su hermana hacía lo mismo, desató su improvisado colgante y tomó la llave para abrir la puerta del remolque -, aquí vamos...
Todo estaba más ruinoso de lo que Junior recordaba, el armario abierto, la cama revuelta y era seguro que había comida en algún sitio descomponiéndose.
- Vamos, Alma... – Jenny la tomó por un hombro -, dejemos que de una vez por todas entre aire y luz a este sitio.
Dicho esto, abrió la ventana junto al armario. Alma abrió la otra puerta y por unos segundos, ambas se dejaron acariciar por la suave corriente.
Como si la brisa las hubiera inspirado, decidieron en un acuerdo silencioso poner en orden el lugar. Rociaron agua para limpiar el piso, dejaron el colchón de la cama desnudo y lavaron sábanas y frazadas para tenderlas al viento, vaciaron restos de comida, lavaron vasos y platos, sacudieron el polvo, limpiaron vidrios y rociaron el spray ambiental de la camioneta de Jenny para espantar los últimos malos olores. Cerca del mediodía, el remolque de Ennis lucía esplendoroso y olía tan bien como un campo de flores.
Sólo entonces, cada una sentó en un extremo opuesto de la cama, bolsa de por medio, para hablar.
- ¿Recuerdas?... – comenzó Jenny -, ¿recuerdas nuestras peleas por papá?.
- Sí – Alma aclaró su garganta -, sentías celos porque pensabas que era su favorita.
- Lo eras...
- Jenny...
- Lo eras, Junior, siempre fuiste su favorita – la muchacha miraba las manchas del colchón -, habías sido la primera y se parecían mucho.
- Eso no significa...
- Déjame terminar – su hermana levantó la mirada -, ¿recuerdas cuando veníamos a visitarlo?...
- Sí, lo recuerdo – Alma Junior tenía un nudo en la garganta. No imaginaba a dónde quería llegar la muchacha.
- ¿Recuerdas que cuando papá necesitaba ir al pueblo porque se había quedado corto de comida para nosotras, tú lo llevabas en el auto de Kurt?, ¿recuerdas que yo prefería quedarme aquí, viendo la televisión?.
- Lo recuerdo...
- Fue entonces que las descubrí – dijo apuntando la bolsa que Junior había dejado sobre la cama -, husmeando entre sus cosas, di con las postales.
- Pero Jenny, ¡eso fue hace mucho tiempo!...¿me vas decir que desde entonces sabías lo de mi padre y nunca dijiste nada?.
- Tenía 15 años...y desde entonces que lo sé. En un comienzo no comprendía bien de qué se trataba, pero pronto acabé por entenderlo.
- ¡No puedo creer algo así! – Alma se puso de pie. Se sentía inexplicablemente enojada, Jenny le estaba tomando el pelo, sin duda -, ¿piensas que no sé que papá lo habría notado enseguida?...
- De hecho, lo notó – Jenny procuró mantener la calma -, desde la primera vez. Aquella tarde me preguntó si había estado moviendo sus cosas y le respondí que sí.
- ¿Y qué te dijo? – Junior tenía el corazón en la garganta.
- Nada, volvió a dejar todo como estaba y no dijo nada.
- ¡Pero cómo quieres que te crea algo así!...
- ¿Qué es lo que no puedes creer? – su hermana menor se levantó y se acercó a ella con expresión de fastidio -, Alma, mi papá no hizo nada, la caja seguía en el mismo sitio la próxima vez que ustedes se ausentaron y sabía que cada vez que fuera contigo al pueblo yo volvería a las postales.
- ¿Así de simple?, ¿no le importó que te enteraras de su mayor secreto? – las lágrimas se agolparon en los ojos de Alma Junior.
- No tengo respuesta para eso, sólo sé que jamás hablamos del tema.
¿Cuándo acabarían las sorpresas?, a Junior le costaba tanto creer en las palabras de Jenny, pero sabía que muy en el fondo, era porque no quería creerle.
- Por esos días mi vida cambió, - siguió su hermana -, por primera vez me sentí unida a mi padre por un lazo casi tan fuerte como el sentimiento que compartía contigo. Dejé de ser una sombra y me convertí en su hija cómplice. Sólo entonces me sentí importante para él.
Claro que hubo un cambio en Jenny, siempre tan callada, siempre tan nerviosa. De la noche a la mañana se había vuelto decidida, resuelta y hasta alegre. Ella y su madre lo habían tomado como un proceso natural, la calma que venía después de la adolescencia.
- ¿Cómo pudiste guardar ese secreto? – preguntó Junior, dándose por vencida -, yo acabo de enterarme hace unos días y no puedo con él, hay tantas cosas que quisiera preguntarle a nuestro padre...¿cómo hiciste para no preguntarle?...
- Si lo hubiera hecho, nunca más hubiese visto una postal.
Alma Junior se dirigió a la cama y se sentó en la orilla, cabizbaja.
- Me siento estúpida – dijo -, pensé que nuestro padre quería que yo supiera su secreto, pero cometí un grave error al tomar esa caja.
- Claro que quería que lo descubrieras, deseaba que ambas lo hiciéramos, sabes cuánto detestaba escribir. Le escribía a Jack Twist, porque no podía llorarlo...y porque necesitaba que alguien supiera cuánto lo amó. Cuando enfermó estuve a punto de tomar la caja y llevármela en un descuido de mamá, pero él me miró desde el lecho y antes de que abriera el armario, hizo un leve gesto negativo con la cabeza. Entonces lo entendí todo, Alma.
- Pues me alegra que lo tengas tan claro, porque yo no entiendo nada. ¿Por qué estabas tan preocupada por la caja?, sabías que la iba a encontrar.
- Sí, pero pensé que darías alguna señal, que vendrías a mí, que me dirías algo. Conforme fueron pasando los días, me sentí nerviosa y vine a ver. La caja no estaba, pero no tenía seguridad de que la habías encontrado tú. Junior, ¿me puedes explicar por qué estás tan molesta?.
- ¡No estoy molesta! – su voz decía lo contrario -, te dije que sólo me siento estúpida, a estas alturas ya sabes todo demasiado bien; en cambio yo, apenas empezaba a atar cabos.
- No es así, – Jenny se sentó a su lado y acarició sus cabellos -, no tengo tu inteligencia y tampoco tengo la capacidad de leer el alma de mi padre como tú. Sé que amaba a un hombre llamado Jack Twist, al que maldecía en casi todas sus postales porque estaba muerto, mientras él seguía vivo, casi podría recitar cada una de sus palabras, pero sigo sin completar esa historia y sé que tú lo puedes lograr.
- Pues...a mí me parece que entendiste lo sustancial – Junior abrazó a su hermana, conmovida.
Tal vez Jenny tenía razón, existían algunos aspectos en los que había reparado y ella no. En ningún momento le mencionó el detalle de las camisas. Ya tendría tiempo para indagar al respecto, había otro asunto que le importaba más saber:
- Dime... – murmuró separándose de ella para mirarla a los ojos -, ¿qué sentiste al saber que papá amaba a un hombre?...
- Pues...fue muy perturbador, afortunadamente me acostumbré muy pronto a la idea, lo veía sufrir tanto que eso pasó a segundo plano y luego desapareció del todo.
- Es lo que me ha pasado al leer sus postales, pero no puedo dejar de preguntarme si es algo que sólo le ocurrió a ellos, si estas cosas suceden.
- Y sí suceden Alma, puedes preguntármelo a mí que trabajo con vaqueros desde hace un tiempo.
Junior miró a su hermana, boquiabierta.
- Alma, - las lágrimas que tanto había luchado por contener, asomaron amenazantes en los ojos de Jenny -, estaba escrito; tú y yo juntas podemos llegar al fondo de todo esto...
Ambas habían acordado a la salida de la tienda, que volverían a verse al día siguiente para hablar con tranquilidad y lejos de todos. Había sido tan providencial lo de su hermana, que Kurt ni siquiera se resistió cuando supo que pasarían el día juntas, por el contrario, le dijo que hacía bien y que aprendiera a sobrellevar la muerte de Ennis como lo hacía ella. Su comentario dio en el clavo, logró molestarla, pero la rabia cedió cuando pudo reflexionar: ¿cómo sobrellevaba su hermana menor la muerte de su padre?. Era algo que no sabía.
Al día siguiente, cerca de las 9 de la mañana, Jenny llegó a buscarla en su camioneta. Hizo sonar 3 veces la bocina y esperó.
- ¡Voy! – le gritó Alma desde la puerta, mientras terminaba de calzarse los zapatos.
- ¡No te olvides de traer “eso”! – le recordó su hermana, asomando la cabeza por la ventanilla.
Junior levantó una bolsa que llevaba en la mano e hizo un gesto de complicidad. Segundos después cerró la puerta de la camioneta por dentro y miró a su hermana.
- Estoy lista – dijo con la respiración agitada.
- Pues, vamos...al remolque de Ennis Del Mar – la muchacha partió a toda velocidad.
Jenny le había dicho a su madre que un día de esos iría a limpiar el sitio y a llevarse lo que pudiera rescatar antes de que lo saquearan. La llave había pasado de Alma Junior, a su madre, y ahora a ella que la llevaba colgada al cuello por un pasador de cuero.
- La última vez que estuve aquí, olía espantoso – comentó Alma cuando llegaban.
- Pues todavía huele igual, estuve hace dos días y no me atreví a abrir las ventanas... – Jenny bajó de la camioneta y mientras su hermana hacía lo mismo, desató su improvisado colgante y tomó la llave para abrir la puerta del remolque -, aquí vamos...
Todo estaba más ruinoso de lo que Junior recordaba, el armario abierto, la cama revuelta y era seguro que había comida en algún sitio descomponiéndose.
- Vamos, Alma... – Jenny la tomó por un hombro -, dejemos que de una vez por todas entre aire y luz a este sitio.
Dicho esto, abrió la ventana junto al armario. Alma abrió la otra puerta y por unos segundos, ambas se dejaron acariciar por la suave corriente.
Como si la brisa las hubiera inspirado, decidieron en un acuerdo silencioso poner en orden el lugar. Rociaron agua para limpiar el piso, dejaron el colchón de la cama desnudo y lavaron sábanas y frazadas para tenderlas al viento, vaciaron restos de comida, lavaron vasos y platos, sacudieron el polvo, limpiaron vidrios y rociaron el spray ambiental de la camioneta de Jenny para espantar los últimos malos olores. Cerca del mediodía, el remolque de Ennis lucía esplendoroso y olía tan bien como un campo de flores.
Sólo entonces, cada una sentó en un extremo opuesto de la cama, bolsa de por medio, para hablar.
- ¿Recuerdas?... – comenzó Jenny -, ¿recuerdas nuestras peleas por papá?.
- Sí – Alma aclaró su garganta -, sentías celos porque pensabas que era su favorita.
- Lo eras...
- Jenny...
- Lo eras, Junior, siempre fuiste su favorita – la muchacha miraba las manchas del colchón -, habías sido la primera y se parecían mucho.
- Eso no significa...
- Déjame terminar – su hermana levantó la mirada -, ¿recuerdas cuando veníamos a visitarlo?...
- Sí, lo recuerdo – Alma Junior tenía un nudo en la garganta. No imaginaba a dónde quería llegar la muchacha.
- ¿Recuerdas que cuando papá necesitaba ir al pueblo porque se había quedado corto de comida para nosotras, tú lo llevabas en el auto de Kurt?, ¿recuerdas que yo prefería quedarme aquí, viendo la televisión?.
- Lo recuerdo...
- Fue entonces que las descubrí – dijo apuntando la bolsa que Junior había dejado sobre la cama -, husmeando entre sus cosas, di con las postales.
- Pero Jenny, ¡eso fue hace mucho tiempo!...¿me vas decir que desde entonces sabías lo de mi padre y nunca dijiste nada?.
- Tenía 15 años...y desde entonces que lo sé. En un comienzo no comprendía bien de qué se trataba, pero pronto acabé por entenderlo.
- ¡No puedo creer algo así! – Alma se puso de pie. Se sentía inexplicablemente enojada, Jenny le estaba tomando el pelo, sin duda -, ¿piensas que no sé que papá lo habría notado enseguida?...
- De hecho, lo notó – Jenny procuró mantener la calma -, desde la primera vez. Aquella tarde me preguntó si había estado moviendo sus cosas y le respondí que sí.
- ¿Y qué te dijo? – Junior tenía el corazón en la garganta.
- Nada, volvió a dejar todo como estaba y no dijo nada.
- ¡Pero cómo quieres que te crea algo así!...
- ¿Qué es lo que no puedes creer? – su hermana menor se levantó y se acercó a ella con expresión de fastidio -, Alma, mi papá no hizo nada, la caja seguía en el mismo sitio la próxima vez que ustedes se ausentaron y sabía que cada vez que fuera contigo al pueblo yo volvería a las postales.
- ¿Así de simple?, ¿no le importó que te enteraras de su mayor secreto? – las lágrimas se agolparon en los ojos de Alma Junior.
- No tengo respuesta para eso, sólo sé que jamás hablamos del tema.
¿Cuándo acabarían las sorpresas?, a Junior le costaba tanto creer en las palabras de Jenny, pero sabía que muy en el fondo, era porque no quería creerle.
- Por esos días mi vida cambió, - siguió su hermana -, por primera vez me sentí unida a mi padre por un lazo casi tan fuerte como el sentimiento que compartía contigo. Dejé de ser una sombra y me convertí en su hija cómplice. Sólo entonces me sentí importante para él.
Claro que hubo un cambio en Jenny, siempre tan callada, siempre tan nerviosa. De la noche a la mañana se había vuelto decidida, resuelta y hasta alegre. Ella y su madre lo habían tomado como un proceso natural, la calma que venía después de la adolescencia.
- ¿Cómo pudiste guardar ese secreto? – preguntó Junior, dándose por vencida -, yo acabo de enterarme hace unos días y no puedo con él, hay tantas cosas que quisiera preguntarle a nuestro padre...¿cómo hiciste para no preguntarle?...
- Si lo hubiera hecho, nunca más hubiese visto una postal.
Alma Junior se dirigió a la cama y se sentó en la orilla, cabizbaja.
- Me siento estúpida – dijo -, pensé que nuestro padre quería que yo supiera su secreto, pero cometí un grave error al tomar esa caja.
- Claro que quería que lo descubrieras, deseaba que ambas lo hiciéramos, sabes cuánto detestaba escribir. Le escribía a Jack Twist, porque no podía llorarlo...y porque necesitaba que alguien supiera cuánto lo amó. Cuando enfermó estuve a punto de tomar la caja y llevármela en un descuido de mamá, pero él me miró desde el lecho y antes de que abriera el armario, hizo un leve gesto negativo con la cabeza. Entonces lo entendí todo, Alma.
- Pues me alegra que lo tengas tan claro, porque yo no entiendo nada. ¿Por qué estabas tan preocupada por la caja?, sabías que la iba a encontrar.
- Sí, pero pensé que darías alguna señal, que vendrías a mí, que me dirías algo. Conforme fueron pasando los días, me sentí nerviosa y vine a ver. La caja no estaba, pero no tenía seguridad de que la habías encontrado tú. Junior, ¿me puedes explicar por qué estás tan molesta?.
- ¡No estoy molesta! – su voz decía lo contrario -, te dije que sólo me siento estúpida, a estas alturas ya sabes todo demasiado bien; en cambio yo, apenas empezaba a atar cabos.
- No es así, – Jenny se sentó a su lado y acarició sus cabellos -, no tengo tu inteligencia y tampoco tengo la capacidad de leer el alma de mi padre como tú. Sé que amaba a un hombre llamado Jack Twist, al que maldecía en casi todas sus postales porque estaba muerto, mientras él seguía vivo, casi podría recitar cada una de sus palabras, pero sigo sin completar esa historia y sé que tú lo puedes lograr.
- Pues...a mí me parece que entendiste lo sustancial – Junior abrazó a su hermana, conmovida.
Tal vez Jenny tenía razón, existían algunos aspectos en los que había reparado y ella no. En ningún momento le mencionó el detalle de las camisas. Ya tendría tiempo para indagar al respecto, había otro asunto que le importaba más saber:
- Dime... – murmuró separándose de ella para mirarla a los ojos -, ¿qué sentiste al saber que papá amaba a un hombre?...
- Pues...fue muy perturbador, afortunadamente me acostumbré muy pronto a la idea, lo veía sufrir tanto que eso pasó a segundo plano y luego desapareció del todo.
- Es lo que me ha pasado al leer sus postales, pero no puedo dejar de preguntarme si es algo que sólo le ocurrió a ellos, si estas cosas suceden.
- Y sí suceden Alma, puedes preguntármelo a mí que trabajo con vaqueros desde hace un tiempo.
Junior miró a su hermana, boquiabierta.
- Alma, - las lágrimas que tanto había luchado por contener, asomaron amenazantes en los ojos de Jenny -, estaba escrito; tú y yo juntas podemos llegar al fondo de todo esto...
11 comentarios:
Gracias a todos por la paciencia, no sé cuánto durará esto, pero les aseguro que tiene un final. Ya me puedo ir a dormir, les dejo un beso y un abrazo enormes.
PD: Angelito, ¿de qué postales en blanco hablas?...mmmm...y en cuanto a Lureen, más te vale continuar, porque la ansiedad ya no se aguanta, ¡cómo dilatas su encuentro con Ennis!, eso no se hace...
Anita Del Sur, me quedé en la taza de café que cayó de las manos de Ennis, no me olvido ni por un instante...
ALAS esto esta tremendo,eres genial,que suspenso y uno lo único que quiere es saber que sigue en la próxima linea....Alas has visto la cordillera con nieve,yo la veo y pienso en ellos de inmediato ,estamos rodeados de montañas.......Ultramar........
Alas,yo tampoco me olvido... ya vendrá la historia... dejemos a esta Alma Jr. en su viaje y luego tendremos ese otro encuentro alternativo... démosle tiempo a nuestros lectores... ja ja ja!!!
Me encanta este recorrido por un laberito de silencios y secretos. Gracias por el vuelo compartido.
Un beso.
Hasta la próxima!
Ultramar, ¿me vas a creer que hoy cuando caminaba para tomar la micro y miré la cordillera me acordé de tí y en que estaríamos pensando en lo mismo?, telepatía BBM, está hermosa, toda nevada, podemos sentirnos afortunados...
Ta bien Anita. Vecina, cuando tienes razón, tienes razón...(me voy a dar prisa, como Jack pisando el acelerador, jajaja)
Jabyjack, ya sé en que va a terminar todo, ahora lo que pase en medio, ni idea,jajaja...algo es algo.
Besos y más besos!
Hola Alas si es cierto esto de la telepatía en BBM,te acuerdad de esa vez que todos en España quedaron en observar la Luna ,bueno yo me acuerdo que no habia leida hasta esa parte y tambien me puse a observarla y despues lo lei y me quedo grabado eso porque yo habia hecho lo mismo sin saberlo me imagino que fue lo mismo no telepatia BBM
ALAS acabo de llegar del almuerzo y afuera hace un friooo la cordillera toda nevada ,me imagino que esa nieve es la culpable del frio siberiano que hace,Alas es notable esto de los relatos porque tu estas haciendo esto y en otro blogs que lei" A Ras de Suelo" estan haciendo el viaje de Lauren hacia Riverton y esta tan increible y bueno ,como el tuyo de Alma,otro ejemplo de telepatia BBM,bueno salimos ganando nosotros los fanaticos lectores de estos relatos,a veces pienso si el equipo de la peli o Anne dimensionaron el efecto creo que no,porque que con todo lo que se ha escrito y dicho en estos meses se podrian hacer dos peliculas,nos dio duro BBM......Ultramar
Alas,GRACIAS.
Hola Alas, está hermoso tu relato, felicidades, es cada vez más emocionante-
Hola Alas, está hermoso tu relato, felicidades, es cada vez más emocionante-
Esta historia esta....fenomenal...increible...
Ojala pudieramos traducirla y enviarsela a Annie Proulx...
Wow...
Me tienes en ascuas Alas...
Que sigue???
Alas, qué cosa más bella... creo que ahora Ennis completa su dicha, pues ya está con su amado Jack y ha logrado que sus hijas se unan y, que sobre todo, comprendan ese inmenso amor
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