
Anoche terminé de leer los relatos de Wyoming de Annie Proulx . Cuando cerré el libro después del último cuento, me vino una especie de conmoción. Volví a abrirlo en el comienzo y leí la frase... "Ennis del Mar se despierta antes de las cinco, el viento mece el remolque..."...y después hice algo tonto, volví a cerrarlo y lo acerqué a mi nariz para olerlo...y sólo entonces, Brokeback Mountain encajó perfectamente dentro del libro como un relato hermano. Ya no lo sentí como algo aislado, ni el hermano mayor. La historia de Ennis y Jack se sumaba a las tragedias que ya había recorrido: escasas alegrías, frustraciones, aridez, abundancia, búsquedas desesperadas de felicidad, soledad, magia, y una frase que; escrita o no, te susurraba todo el tiempo al oído: "cuando algo no tiene remedio, hay que fastidiarse"...
Solté unas lágrimas...sentí que devolvía a Ennis y a Jack a su origen de vaqueros anónimos y desafortunados que se amaron en la misma tierra donde el viejo Red aseguraba que enterraría a todos sus familiares y luego los escupiría, mientras su nieta enferma de soledad, conversaba con un tractor que la amaba; donde Diamond Felts andaba de rodeo en rodeo, buscando lo mismo que todos, esa corriente que lo hiciera sentir vivo.
Después de leer estos relatos, siento como si mis amados Ennis y Jack me hubiesen cogido de la mano, para darme una vueltecita nada "turística" por Wyoming y sus alrededores. Los veo mirándome luego y diciendo: ¿y?, ¿qué tal?...los miro a los ojos, y me pregunto si es de orgullo o de reproche que están llenos...y de pronto ya se han ido y me he quedado sola, con el sonido de las langostas, con el viento y el sol achicharrante...en el herboso confín del mundo...
Solté unas lágrimas...sentí que devolvía a Ennis y a Jack a su origen de vaqueros anónimos y desafortunados que se amaron en la misma tierra donde el viejo Red aseguraba que enterraría a todos sus familiares y luego los escupiría, mientras su nieta enferma de soledad, conversaba con un tractor que la amaba; donde Diamond Felts andaba de rodeo en rodeo, buscando lo mismo que todos, esa corriente que lo hiciera sentir vivo.
Después de leer estos relatos, siento como si mis amados Ennis y Jack me hubiesen cogido de la mano, para darme una vueltecita nada "turística" por Wyoming y sus alrededores. Los veo mirándome luego y diciendo: ¿y?, ¿qué tal?...los miro a los ojos, y me pregunto si es de orgullo o de reproche que están llenos...y de pronto ya se han ido y me he quedado sola, con el sonido de las langostas, con el viento y el sol achicharrante...en el herboso confín del mundo...
1 comentario:
¿sabes?, envidio ese momento tan especial que has tenido... no he leído los relatos de Annie
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