
(Ya está, contengo la respiración y me lanzo en picada. Inspirada por nuestro amigo Un-Angel, me he decidido a publicar por partes este relato, más que nada, porque al hacerlo, me obligo a terminarlo. ¡Llevo meses en esto!. Algunos de ustedes ya lo conocen, están cansados de conocerlo, pero por algo se empieza).
CAPITULO I
Alma Junior cerró la puerta tras si y por primera vez en todo un mes, dejó que las lágrimas corrieran a su antojo. El calor irrumpía de manera despiadada en aquel remolque que olía a encierro y abandono, una mezcla nauseabunda enrareciendo el aire del lugar donde dos días atrás su padre había dado el último suspiro, delirando por la fiebre de lo que en un comienzo fue un resfrío mal cuidado.
Ella lo había acompañado por las tardes y las noches, y lo habría hecho las 24 horas del día de no ser por su esposo, que a esas alturas, la miraba como si ya no reconociera en ella a la mujer que había desposado hacía 25 años. Sacudió su cabeza, para sacudir también de su mente la imagen de Kurt amenazándola antes de salir de casa: ¡el viejo Ennis está muerto y enterrado, no entiendo qué vas a hacer allá!.
Alma Junior no desanduvo sus pasos y se mordió los labios, no quería perder tiempo reprochándole su insensibilidad, sentía dentro de su ser una urgencia inexplicable por llegar al remolque. Igualmente, pensó mientras ponía el auto en marcha, de qué servía discutir con un hombre que siempre estuvo celoso del amor que sentía por su padre.
Ahora estaba ahí, con la vista nublada por las lágrimas que contuvo tanto tiempo y con un vacío inmenso en el corazón, ¿qué iba a ser de ella, la compañera silenciosa de Ennis Del Mar?.
Trató de calmar los sollozos que se sucedían unos a otros hasta producirle dolor en el estómago y se recostó en la cama de su padre. Su mente era un torbellino de ideas y frases sueltas, como piezas de un gran rompecabezas. Estaba segura que al ordenarlas de manera correcta, le revelarían el misterio del odio que fue consumiendo a su madre, de la soledad que acabó con su padre y de un nombre que grabó en su interior a fuerza de oírlo innumerables veces los últimos días: Jack Twist.
La primera vez que Ennis lo pronunció en medio de la fiebre, Alma Beers se ofuscó de tal manera, que no volvió a cuidarlo y la dejó como responsable de esa inútil tarea, pues de igual manera, le dijo: no tiene remedio.
Jack Twist, repitió Alma Junior, y el vago recuerdo de un amigo de su padre saludándola, perdido en el tiempo, la estremeció.
Volvió sus pensamientos al momento en que acariciaba los canos cabellos de Ennis sentada a la orilla de su cama. Tenía los ojos fijos en el amado rostro, no perdía detalle de su respiración entrecortada y de su vano intento, a ratos, por decir algo que finalmente moría antes de salir de su boca. Repentinamente, la había cogido de la mano con una fuerza asombrosa, los ojos empañados, temblando por la fiebre, pero levantó sin esfuerzo la cabeza de la almohada y con un gesto parecido a una sonrisa, dijo entre dientes: Jack, pensé que ya no te acordabas...
Esas fueron sus últimas palabras.
Un nuevo impulso la obligó a levantarse de la cama, el corazón le latía fuerte en el pecho, la movía el convencimiento de que la verdad estaba frente a sus ojos, tan cerca, que no podía verla.
- ¡Ayúdame papá! – dijo girando, para mirar todo a su alrededor -, ¡ayúdame a encontrar a Jack Twist para decirle que has muerto y cuánto ansiabas volverlo a ver!...
Sus palabras resonaron en las delgadas paredes sin mayor respuesta que su propio eco, como la voz de otra persona, alguien que la tomaba por el hombro y le decía: tu padre esperó a Jack Twist hasta el día de su muerte.
En medio de un estremecimiento, clavó los ojos en el armario que tenía enfrente y el miedo la paralizó.
- Es sólo el armario de mi padre – murmuró para darse valor.
Se acercó hasta la puerta y en el momento en que la abrió, Alma Junior, cayó sin retorno y a toda velocidad a las honduras de un pozo negro, al centro del corazón de Ennis Del Mar.
/////////////////////////////////////////////////////////////////
- Cien... – murmuró sentada en el suelo -, siguen siendo cien...
Sobre el regazo de Alma Del Mar, había una caja de cartón con cien postales idénticas de un sitio llamado Brokeback Mountain, todas escritas con la letra inconfundible de Ennis; y bajo ellas, un sobre amarillento y gastado que no se atrevía a tocar.
Cinco minutos antes, cuando abrió el armario, la invadió una sensación extraña, el olor de la naftalina, la madera y la ropa, le produjo una especie de vértigo que la obligó a sujetarse de la puerta. Dos camisas cayeron al suelo.
- ¡Diablos! – exclamó asustada y sus ojos se clavaron en las prendas manchadas de sangre seca en los puños.
No intentó levantarlas del piso. “Me las llevaré luego, para lavarlas”, pensó.
Lanzó un suspiro para darse valor y comenzó a registrar las escasísimas pertenencias de Ennis: no más de una decena de prendas de vestir, un par de botas y esa caja de cartón mal escondida bajo periódicos amarillentos.
Ahora, sentada sobre sus talones, con las postales en la mano y las silentes camisas a su lado, apeló a todo su coraje para animarse a leer. Secó con una de sus mangas el sudor que le bañaba el rostro y clavó sus ojos en la clara escritura de su padre.
“Si alguien me decía alguna vez que iba a escribir lo que no puedo decir, me habría reído en su cara, o le habría mirado como me ha mirado esta mañana Linda Higgins cuando me traje todas las postales de Brokeback que tenía en su tienda. Diablos, esto no ayuda, fue una mala idea...”
- Papá... – murmuró Alma con un nudo en la garganta, la postal estaba manchada de tinta - ...llorabas.
Contempló cada mancha e imaginó exactamente dónde habían caído sus lágrimas, luego de unos segundos, pasó a la siguiente.
“No hay un puto sitio donde pueda encontrar tu olor y eso es lo que me jode, sé que voy a terminar olvidándolo, como voy a olvidar tu cara. Es una mierda, sólo voy a recordar tu condenada camisa ensangrentada junto a la mía...”
El corazón de Alma latió con repentina fuerza. Después de obligarse a releer esas palabras una y otra vez, giró la vista hacia las camisas que yacían a su lado y una especie de quejido escapó de su garganta. De eso se trataba. La verdad vino simple y desnuda, tal como presintió: el odio de su madre, las últimas palabras de su padre...¡por primera vez, todo encajó a la perfección!.
Buscó ansiosamente el nombre de Jack Twist, pasando rápidamente el resto de las postales, pero en ninguna de ellas estaba escrito. Sin embargo, estaba segura.
Impulsada por este descubrimiento, se puso de pie casi de un salto, buscó una bolsa y guardó en ella camisas y postales con una ansiedad que la hacía temblar. Ni siquiera se detuvo a pensarlo, el remolque la asfixiaba, tenía que salir de allí.
Alma Junior cerró la puerta tras si y por primera vez en todo un mes, dejó que las lágrimas corrieran a su antojo. El calor irrumpía de manera despiadada en aquel remolque que olía a encierro y abandono, una mezcla nauseabunda enrareciendo el aire del lugar donde dos días atrás su padre había dado el último suspiro, delirando por la fiebre de lo que en un comienzo fue un resfrío mal cuidado.
Ella lo había acompañado por las tardes y las noches, y lo habría hecho las 24 horas del día de no ser por su esposo, que a esas alturas, la miraba como si ya no reconociera en ella a la mujer que había desposado hacía 25 años. Sacudió su cabeza, para sacudir también de su mente la imagen de Kurt amenazándola antes de salir de casa: ¡el viejo Ennis está muerto y enterrado, no entiendo qué vas a hacer allá!.
Alma Junior no desanduvo sus pasos y se mordió los labios, no quería perder tiempo reprochándole su insensibilidad, sentía dentro de su ser una urgencia inexplicable por llegar al remolque. Igualmente, pensó mientras ponía el auto en marcha, de qué servía discutir con un hombre que siempre estuvo celoso del amor que sentía por su padre.
Ahora estaba ahí, con la vista nublada por las lágrimas que contuvo tanto tiempo y con un vacío inmenso en el corazón, ¿qué iba a ser de ella, la compañera silenciosa de Ennis Del Mar?.
Trató de calmar los sollozos que se sucedían unos a otros hasta producirle dolor en el estómago y se recostó en la cama de su padre. Su mente era un torbellino de ideas y frases sueltas, como piezas de un gran rompecabezas. Estaba segura que al ordenarlas de manera correcta, le revelarían el misterio del odio que fue consumiendo a su madre, de la soledad que acabó con su padre y de un nombre que grabó en su interior a fuerza de oírlo innumerables veces los últimos días: Jack Twist.
La primera vez que Ennis lo pronunció en medio de la fiebre, Alma Beers se ofuscó de tal manera, que no volvió a cuidarlo y la dejó como responsable de esa inútil tarea, pues de igual manera, le dijo: no tiene remedio.
Jack Twist, repitió Alma Junior, y el vago recuerdo de un amigo de su padre saludándola, perdido en el tiempo, la estremeció.
Volvió sus pensamientos al momento en que acariciaba los canos cabellos de Ennis sentada a la orilla de su cama. Tenía los ojos fijos en el amado rostro, no perdía detalle de su respiración entrecortada y de su vano intento, a ratos, por decir algo que finalmente moría antes de salir de su boca. Repentinamente, la había cogido de la mano con una fuerza asombrosa, los ojos empañados, temblando por la fiebre, pero levantó sin esfuerzo la cabeza de la almohada y con un gesto parecido a una sonrisa, dijo entre dientes: Jack, pensé que ya no te acordabas...
Esas fueron sus últimas palabras.
Un nuevo impulso la obligó a levantarse de la cama, el corazón le latía fuerte en el pecho, la movía el convencimiento de que la verdad estaba frente a sus ojos, tan cerca, que no podía verla.
- ¡Ayúdame papá! – dijo girando, para mirar todo a su alrededor -, ¡ayúdame a encontrar a Jack Twist para decirle que has muerto y cuánto ansiabas volverlo a ver!...
Sus palabras resonaron en las delgadas paredes sin mayor respuesta que su propio eco, como la voz de otra persona, alguien que la tomaba por el hombro y le decía: tu padre esperó a Jack Twist hasta el día de su muerte.
En medio de un estremecimiento, clavó los ojos en el armario que tenía enfrente y el miedo la paralizó.
- Es sólo el armario de mi padre – murmuró para darse valor.
Se acercó hasta la puerta y en el momento en que la abrió, Alma Junior, cayó sin retorno y a toda velocidad a las honduras de un pozo negro, al centro del corazón de Ennis Del Mar.
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- Cien... – murmuró sentada en el suelo -, siguen siendo cien...
Sobre el regazo de Alma Del Mar, había una caja de cartón con cien postales idénticas de un sitio llamado Brokeback Mountain, todas escritas con la letra inconfundible de Ennis; y bajo ellas, un sobre amarillento y gastado que no se atrevía a tocar.
Cinco minutos antes, cuando abrió el armario, la invadió una sensación extraña, el olor de la naftalina, la madera y la ropa, le produjo una especie de vértigo que la obligó a sujetarse de la puerta. Dos camisas cayeron al suelo.
- ¡Diablos! – exclamó asustada y sus ojos se clavaron en las prendas manchadas de sangre seca en los puños.
No intentó levantarlas del piso. “Me las llevaré luego, para lavarlas”, pensó.
Lanzó un suspiro para darse valor y comenzó a registrar las escasísimas pertenencias de Ennis: no más de una decena de prendas de vestir, un par de botas y esa caja de cartón mal escondida bajo periódicos amarillentos.
Ahora, sentada sobre sus talones, con las postales en la mano y las silentes camisas a su lado, apeló a todo su coraje para animarse a leer. Secó con una de sus mangas el sudor que le bañaba el rostro y clavó sus ojos en la clara escritura de su padre.
“Si alguien me decía alguna vez que iba a escribir lo que no puedo decir, me habría reído en su cara, o le habría mirado como me ha mirado esta mañana Linda Higgins cuando me traje todas las postales de Brokeback que tenía en su tienda. Diablos, esto no ayuda, fue una mala idea...”
- Papá... – murmuró Alma con un nudo en la garganta, la postal estaba manchada de tinta - ...llorabas.
Contempló cada mancha e imaginó exactamente dónde habían caído sus lágrimas, luego de unos segundos, pasó a la siguiente.
“No hay un puto sitio donde pueda encontrar tu olor y eso es lo que me jode, sé que voy a terminar olvidándolo, como voy a olvidar tu cara. Es una mierda, sólo voy a recordar tu condenada camisa ensangrentada junto a la mía...”
El corazón de Alma latió con repentina fuerza. Después de obligarse a releer esas palabras una y otra vez, giró la vista hacia las camisas que yacían a su lado y una especie de quejido escapó de su garganta. De eso se trataba. La verdad vino simple y desnuda, tal como presintió: el odio de su madre, las últimas palabras de su padre...¡por primera vez, todo encajó a la perfección!.
Buscó ansiosamente el nombre de Jack Twist, pasando rápidamente el resto de las postales, pero en ninguna de ellas estaba escrito. Sin embargo, estaba segura.
Impulsada por este descubrimiento, se puso de pie casi de un salto, buscó una bolsa y guardó en ella camisas y postales con una ansiedad que la hacía temblar. Ni siquiera se detuvo a pensarlo, el remolque la asfixiaba, tenía que salir de allí.
5 comentarios:
... aun me quedan lágrimas... puedo con el resto... puedo leer lo que venga... (estoy intentando autoconvencerme..)... puedo seguir leyendo...
Sin aliento..y esto como sigue Alitas?..Precioso,me dejas muda ya lo sabes.
Me alegro de verlo aquí ya publicado, no tengo palabras para describir lo que siento al leerlo.
Qué bella forma de escribir, Alitas.....
Un beso
Lo lei todo y te felicito esta increible,es como otro trozo de esta pelicula que todos han armado con tanto amor y dolor,Alma Junior, siempre he pensado que ella
de algun modo lo sabía,ese mirada cuando le contesta a Ennis si acaso Kurt la ama,y ella le dice que si,y con sus ojos parece decirle "si igual como tu amabas a Jack" Alas un abrazo, Ultramar
Alas, qué bello es venir de nuevo... ¿sabes?, ya casi es la 1:00 en Bogotá... es la madrugada, hace mucho frío, escucho las canciones de Brokeback en tu casita y me has arrancado muñtitud de lágrimas... ha sido tan hermoso que hasta lo que escribió Ultramar me robó otras lágrimas... seguiré
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